jueves, 13 de diciembre de 2012

Página 119 > Séptimo Capítulo | encuentros y desencuentros

‘Almería en corto’ arrancó de la manera más hollywoodiense que nadie pudiera esperar. Al más puro estilo McCarthy, la diputada de Cultura gritó ¡Acción! a golpe de claqueta, en aquel año 2002. Inició una severa ‘caza de brujas’. Eran las cinco de la tarde del jueves 7 de marzo cuando Ana Toro Perea presidió la sala de reuniones del Palacio Provincial. “¿Quién ha sido? ¡Tarde o temprano sabremos quién ha traicionado el secreto profesional de esta Área!”. La docena de técnicos provinciales que bordeaban la alargada mesa atendían incrédulos a las acusaciones lanzadas en aquel interrogatorio. A quién o quién debía delatarse. El origen de la desconfianza estaba en la prensa del día; el autor, Miguel Ángel Blanco Martín.
El periodista había reventado la rueda de prensa prevista para el miércoles de la semana siguiente. Con todo lujo de detalles, desplegaba a lo largo de las cuatro columnas de la página cincuenta y uno del rotativo Ideal la programación del novel Festival, del que aún no había trascendido ni su nueva denominación. La primera mirada sobre los posibles filtradores de la noticia se había posado esa mañana en la localidad almeriense de Fiñana. En la Sierra de los Filabres estábamos desayunando delante del periódico, con el mismo estupor, el técnico de Artes Audiovisuales de la Diputación, Ignacio Manuel Fernández Mañas, y yo. Apenas habíamos dado cuenta del primer bocado cuando me llamó el jefe de negociado de Animación Cultural, Ramón Aparicio: “La diputada os quiere ver de inmediato. No puedo creer que hayáis sido capaces de hacer esto”. Comenzaba así la lista negra de candidatos a la deslealtad institucional, sin mirar en el centro real de la atención: existía un agujero organizativo preocupante que nadie había reparado en observar.


Uno de los reencuentros más emotivos de esta década de 'Almería en corto' fue el protagonizado por los astros del cine Gil Parrondo y Eddie Fowlie en Carboneras. Fue la despedida de sus vidas. (Foto: Francisco Bonilla)

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