Quizás, la flaqueza de ‘Almería en corto’ sea la falta
de un acuerdo marco entre los sectores privados y los públicos. Si hoy existe
una colaboración entre la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de la
capital, no es fruto de la casualidad o por convergencias ideológicas; es
también por las circunstancias que han rodeado en cada momento al certamen.
Proyectar, como se comenzó a hacer en la décima edición, en el amplio Auditorio
Municipal Maestro Padilla, no hubiera sido posible con anterioridad. Ese
contendor cultural se construyó en 1992 sin una cabina de proyección, lo que
hacía inviable proyectar las sesiones del Certamen Internacional, que habían
sido desde su inicio en 35mm. Sin embargo, en 2011 las bases recogieron la
opción de presentar las obras en digital. “Ya en 2006 comenzamos a ponernos
pesados con una inminente necesidad de abandonar el analógico -revela Luis
Collar-. Amamos el cine y nos gusta más el celuloide que el vídeo, pero veíamos
claramente que la tendencia era hacia este formato”. El Auditorio Maestro
Padilla siempre fue una opción organizativa rechazada sistemáticamente por
incumplimientos técnicos (a pesar de las lamentables condiciones del Teatro
Cervantes, que a punto estuvo de quemarse un año, como recuerda el jefe de los
técnicos de Recursos, Jesús Guirado, si estos no quitan a tiempo unos
fusibles); además de la lejanía, tanto del público habitual, como de los
hospedados en los hoteles del centro neurálgico de la ciudad. Una manifiesta
prueba de encuentros y desencuentros matizables.

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