viernes, 7 de diciembre de 2012

Páginas 43, 44 y 45 > Tercer Capítulo | desmitificando leyendas

Otro revelador ejemplo de las 14 certezas o imposturas que aparecen en este capítulo es éste referido a las estrellas de Hollywood: "La gente del cine es mucho más estirada y maleducada que el resto de artistas". Como se ve en otros capítulos, para gustos colores. O según para donde sople el viento; que en Almería el de levante hace estragos en el carácter. Tuvo que ser eso lo que le sucediera a la divina Faye Dunaway; cuya visita en 2007 (para recibir el Premio 'Almería, tierra de cine'), bien merece un capítulo completo, o si cabe un libro. Sospechábamos que este ex-mito erótico de toda una generación, a sus 66 años –si damos por cierta su fecha de nacimiento en 1941-, tenía alguna que otra rareza. ¿Alguna…? "¡La Faye era un tsunami!", como recuerda la entonces periodista del Festival Virginia Calvache. Eso sí, una actriz como la copa de un pino. Encendíamos un foco y se encendía su cara. El día de su llegada le acompañaban la relaciones públicas del certamen, Laura Olaizola, y el traductor, Owen Wayne, y el conductor oficial Juan Fernández.

Acababan de entrar en la suite 432, la utilizada por SS.MM. los Reyes de España cuando se hospedan en el Gran Hotel Almería. La misma en la que se han alojado los otros quince distinguidos con ese Premio. En el saloncito, Laura descorrió las cortinas de una de las dos ventanas de la habitación que asoman al antiguo Cargadero de Mineral, para contemplar sobre el puerto una exuberante puesta de sol de aquella tarde del 23 de mayo. El estruendo le hizo volver en seco la cabeza. La primera botellita de whisky se había estrellado justo al lado del tapizado sillón azul sedoso. A continuación volaron las de ron, ginebra, vodka... Haciendo gala del enérgico carácter que interpretó en Bonnie and Clyde, Dunaway estaba agachada sobre el diminuto minibar y vaciándolo con escandalosa alteración. “Faye ha sido la peor actriz con la que he tratado en mis 26 años de vida profesional (salvo Charlie Sheen, que hay que echarle de comer aparte)”, revela Juan Fernández. “Ha sido la que peor nos ha tratado. En la suite siguió con los caprichos: nos pidió que le deshiciéramos las maletas y nos tiraba la ropa sobre la cama para que se la colocáramos en el armario empotrado. Como ella no comía pan (traía una especie de semillas sintéticas), al ver la bandeja con bollitos que había sobre la mesita nos los lanzaba irritada. Pero el berrinche mayor llegó a continuación. Al hotel se le había avisado que ella era ex alcohólica y que no debía haber bebidas espirituosas en la habitación. Cuando abrió el minibar y comprobó que no estaba vacío, aquello fue un delirio. Y volvió a suceder la mañana siguiente porque la camarera del siguiente turno creyó que las había consumido todas. Repuso el frigorífico con nuevas botellas”


La noche y el día; nada que ver Dunaway con el nonagenario Ernest Borgnine, quien a su avanzada edad en 2009 tomó un avión con su familia y se plantó en el Festival 'Almería en corto', dos años y medio antes de que muriera. Se trajo antiguas fotos de actor para firmar autógrafos a sus inquebrantables fans. (Foto: Francisco Bonilla)

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